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Un diálogo imaginario con citas textuales de su obra Yug, Yoga, Yoghismo

¿Cuál fue su intención al vincular el Yoga a la Tradición Iniciática de occidente?


Únicamente, comprendiendo la mentalidad oriental, se puede apreciar plenamente la lectura de textos de Yoga, general mente tan difíciles de asimilar para el espíritu occidental, preocupado por su trabajo materialista completamente opuesto al ambiente requerido para una perfecta consideración de las cosas del espíritu. En Occidente vivimos de frases hechas y de ideas preconcebidas, y tenemos una mentalidad egocéntrica. Si pudiéramos hacer trabajar un poco más nuestra propia iniciativa, absorber las ideas extranjeras y asimilarnos a los demás, sería más fácil al mundo alcanzar la comprensión del mecanismo de la humanidad y la ascensión del pensamiento en general.
Creamos barreras constantes entre razas, religiones, creencias, cultura, etc., olvidando el principio.
YOGA quiere decir Identificación, y, por lo mismo, en ella, no se trata de saber si hay Dios o no. Esta cuestión jamás ha sido discutida en Yoghismo, porque al fin y al cabo discutirla es crear una duda, y YOGA que también quiere decir unión, es el conocimiento perfecto de las cosas, es REALIZAR para lo cual es necesario que todos los sentidos concurran, omnímodamente, en la forma, en la naturaleza, etcétera hasta identificarse llegando a sentirse ser totalmente el objeto, extrínseca e intrínsecamente, como continente y como contenido...!

¿Y cuál fu su objetivo de la práctica del Yoga como Iniciado?

Jamás he tenido la intención de considerarme un Siddha, ya que solo desde algunos años practico realmente la Yoga. En efecto, el Sadhak no lo es verdaderamente sino cuando se ha entregado por completo al éxtasis continuo.
Hay que comprender que el Yoghi no aspira a otra cosa que a su perfeccionamiento, ni se interesa, en lo más mínimo por los demás. Esto, sin embargo, no debería dar base, para calificarlo de egoísta, porque es justo reconocer que, según él, no se puede ayudar verdaderamente a sus hermanos, los humanos hasta tanto que él no haya alcanzado para sí el grado de sabiduría que el Yoghi califica de JYOTI (iluminación)
Todo el trabajo de perfeccionamiento se hace con el fin de destruir las impurezas (mala), y de suprimir la ilusión (maya), para alcanzar la emancipación final (mukti), lo cual se logra mediante la conquista de este estado supraconsciencial denominado Samâdhi (Consciencia-Divina).

¿Por qué el nombre de yoghismo?

Por mi propia iniciativa he denominado Yoghismo a esta doctrina, tal vez para diferenciarla mejor de la Yoga, de la que tanto se habla. Me propongo exponer mi punto de vista sobre lo que llamo el Yoghismo, o sea el sistema que por expresar la totalidad, excluye las canalizaciones y concepciones incompletas.
El YOGHISMO no tiene estas subdivisiones que ofrecen una pequeña mezcla agradable de confitería espiritual: el yoghismo es UNO y TODO, una SINTESIS, y no un desempacar de bultitos atados con etiquetas rotuladas como: “para personas intelectuales”, “para damas de afectos tardíos” o “para señores con curiosidad de novedades”!.
El yoghismo no excluye nada: son las distintas experiencias que llevan al estudiante a los diversos estados requeridos para la Iluminación final: las diferentes yogas son indispensables, pero no hay razón en separarlas en vez de presentarlas como un programa de evolución. Estoy hablando para el mundo occidental porque tenemos que confesar que el pueblo de la India, en su mayor parte, ha comprendido estos problemas y muy raramente se ha visto un país tan tolerante como ese de Ram, Khrishna y Bhudda.

¿Y cuál es el punto de enlace entre el Yoga tradicional y el yoghismo?


Me agradaría hacer tabla rasa de todas las concepciones, máxime de las tradicionales, si no fuera necesario recurrir a la enseñanza del pasado para comprender mejor el esclarecimiento que vengo a ofrecer, sobre todo al mundo occidental, cuya mental idad es ampliamente crítica y cuyos métodos de análisis han alcanzado ya el progreso propio de la civilización del siglo XX.
El yoga, según la enseñanza tradicional, proporciona como objetivo la realización de la unión del ser individual con el ser universal, y encierra también los medios para alcanzarlo. Se ha dicho que la realización metafísica, consistente esencialmente en la identificación por el conocimiento, es decir, la yoga, toma como punto de partida: la ekagrya (concentración).
Desde mi punto de vista (y no como mi concepción) la multitud de ramificaciones de la yoga ha dado lugar a una división como ocurre en religión, siendo que yoga quiere decir unión así como religión quiere decir reunir.
Sin embargo, tratándose de religión, esta división, aunque anormal, sería permitida, pues la explicación hipotética del Gran Todo puede estar siempre tentada con los argumentos que sean comprendidos y de ahí provienen los centenares de sectas que luchan entre si, llamándose todas ellas cristianas, asegurando su legítima descendencia y su discipulado de Cristo!
Pero tratándose de yoga, es aquí que toma su más exacto valor mi término: Yoghismo; la cosa es diferente porque no hay argumento doctrinal: el estudiante actúa bajo la conducción de un Maestro (el Guru) a fin de evitar accidentes físicos (en lo que concierne a la Hatha Yoga) o accidentes mentales (en la Bakthi Yoga) o extravíos intelectuales (en la Jñana Yoga) o una pérdida de tiempo (para los asimilados a la Rajas Yoga), pero jamás es cuestión de castigo ni por el contrario de recompensas.

¿Cuál sería la didáctica del yoga?

El adepto yoghi es un elemento que trabaja en su propio perfeccionamiento, principiando con bases concretas y objetivos conocidos, siguiendo una tradición a fin de aprovechar las lecciones de los Antiguos y bajo la dirección de un MAESTRO, porque cada estudiante necesita un profesor.
Estamos lejos de la creencia ciega prescrita por las religiones, no solamente en materia de asuntos divinos (y perfectamente desconocidos) sino más aún en lo que concierne a un dogma a seguir (desconociendo siempre las razones).
El yoga en este sentido no es una simple filosofía nada más, y pido la gracia de ser el intérprete de Grandes Maestros de la antigüedad a fin de defender el pensamiento puro de elevación espiritual, que es el yoghismo, tal y como lo entiendo. Porque supongo que de esta manera otros lo entenderán también.
Así pues, en Yoga hay ocho elementos básicos en la conducta del ser humano que desee elevarse por encima de la condición animal: YAMA, las abstinencias, NIYAMA, las reglas de vida, ASANAS, las posiciones del cuerpo, PRANAYAMA, el control de la respiración, PRATYAHARA, el control de sus percepciones sensoriales orgánicas, DHARANA, la meditación, DHYANA, la concentración, y SAMADHI, la identificación.
Es imposible evadir estas reglas elementales en cualquier tipo de yoga que el estudiante haya escogido, pues es lo más importante seguir el cumplimiento de esos principios.
Concluyo, pues, en que no hay que tomar en consideración diversos tipos de Yoga en que se dispute cuál es la mejor, y confirmo mi opinión acerca del yoghismo, es decir, en el sentido de ubicar las reglas de vida en una síntesis que supone naturalmente la realización de estados Iniciáticos en el sentido general de la palabra, y no en el sentido limitado de los diversos estados catalogados en los dogmas.

¿Cuál es la importancia de las âsanas en el contexto del Yoga?


Âsanas son posiciones del cuerpo; cada movimiento debe tener una razón de ser y el conocimiento de los ademanes es de lo más importante tanto para la vibración como para la selección de las tonalidades que hay que dar a esos movimientos.
Se ha dicho que el hombre adopta 84.000 posiciones diferentes y de la ciencia yoga ha escogido las más importantes para que, debido a ellas, el cuerpo pueda ejercer en el control biológico y en el psicológico grandes posibilidades de evolución.
Ochenta y cuatro âsanas tradicionales fueron consagradas por la Hatha-Yoga (control físico). Estas âsanas corresponden en cierto modo a 84 familias de animales que viven sobre la Tierra. Si el número de las especies de criaturas vivientes en este planeta es exacto al número de las posturas escogidas por la Hatha-Yoga, debe existir igualmente una relación de Identificación en el orden de las ideas.

¿Cómo saber que hemos vivenciado y experimentado una âsana?

âsana-Jeya es la maestría completa en las âsanas, lo cual es reconocido cuando el aprendiz yoghi puede sostener una postura por lo menos durante tres horas. En efecto, es necesario este lapso de tiempo con las respiraciones y concentraciones adecuadas para obtener un resultado efectivo, es decir, sentir el efecto de la âsana.
Poco a poco en el mundo occidental la medicina oficial reconoce el beneficio de las âsanas y numerosas revistas médicas y órganos científicos han difundido publicaciones relacionadas con la Hatha- Yoga. Ha sido bien demostrado que no solamente los enfermos han encontrado un notable mejoramiento o que han sanado completamente, sino que también una nueva energí ;a fue introducida en el paciente por medio de la práctica de los ejercicios psicofísicos.

¿Cómo saber cuales series de âsanas debemos practicar?


Algunas de las posiciones son evidentemente muy complicadas y reservadas solamente para aquellos que desean dedicarse enteramente a la âsana- Yoga. Dos posiciones son aconsejables para todos, sin excepción de sexo, de edad o de estado de salud: la padmâsana y la siddhâsana.
Todo lo referente a las posiciones del cuerpo está basado en el hecho de que las glándulas necesitan ser puestas en movimiento para que tengan un perfecto equilibrio que se manifiesta en primer lugar en la salud y posteriormente en el plano psíquico.
Los chakras no son otra cosa que la emanación de los plexos endocrinos, es decir, los chakras representan la exacta relación de las glándulas a este respecto.
La yoga ha proclamado siempre que las âsanas tienen por objeto el restablecimiento del orden en los centros orgánicos por medio de la iluminación de los chakras, es decir, por el refuerzo al equilibrio de estos centros lo que equivale a las declaraciones que hace la ciencia moderna aprobando la necesidad de un equilibrio glandular sin el cual el organismo adquirirá enfermedades, desde las más extrañas hasta un desequilibrio mental y todos los demás desórdenes estudiados especialmente por Jung. El psicoanálisis tiene toda su ciencia basada en el estudio de las glándulas y de su relación interferencial.

¿Y cuál es la relación de las âsanas y el pranâyâma?


Los ejercicios del control de la respiración son numerosos, pero siempre peligrosos en la ejecución sin la conducción de una persona enterada. No solamente la cadencia no acostumbrada de la respiración puede producir desórdenes orgánicos, sino aun la concentración en los puntos sutiles expone siempre al principiante a complicaciones mentales.
Mis discípulos han practicado siempre durante tres meses cuando menos los ejercicios corrientes de cultura física antes de abordar cualquier ritmo respiratorio, aún tratándose de respiraciones muy elementales.
Yo pido a los estudiantes seis meses de trabajo preparatorio para principiar verdaderamente las âsanas con trabajo de pranificación, y nunca autorizo a los adeptos a principiar con el pranâyâma completo sin cumplir un año de practica de Yoga.
Todas las cosas son un compuesto de AKHASH y de PRANA (cuerpo vulgar y cuerpo sutil), el compuesto material y la fuerza creativa, el uno negativo el otro positivo, amalgama de célula visible que forma una materia cualquiera y la esencia vital. Es como decir: el físico y el espíritu.
Hay que saber, sin embargo, que la regularidad del ritmo es mucho más importante que la duración del período. Para tener certidumbre en el empleo del tiempo, lo mejor es tomar el ritmo de la pulsación del corazón y veo prudente no dejar nunca pasar más de 15 pulsaciones como tiempo inicial. Hay que practicar hasta que se sienta la oscilación del ritmo cardíaco produciendo una vibración en todo el cuerpo. No hay que olvidar que la retención de la respiración reclama un aporte sanguíneo, en la envoltura pulmonar, es decir, que extrayendo la energía cardiaca se expone al corazón a cierta fatiga y es también predisponerlo a la taquicardia. Por otra parte, nos expondríamos así igualmente a heridas en los pulmones y a otras complicaciones de las vías respiratorias.
Todo ello debe hacernos reflexionar en el delicado empleo del pranâyâma que, sin embargo, persiste como un ejercicio de gran valor cuando es ejecutado bajo la guía de un Maestro.

¿Cuál es el estadio final del yoga?

Samyama. Es con esta práctica que principia el estado final: atención, unión, iluminación, llamado Samyama. Dhâranâ es la atención que prepara la unión en el objeto, es decir, la concentración (dhyana) que hará UNO del objeto y del sujeto para después el sujeto ser iluminado hacia la consciencia universal (Samâdhi). Samyama es, pues, el conjunto Dhâranâ-dhyana Samâdhi que podrá ser actualizado solamente si el adepto ha practicado largamente las disciplinas elementales que ya he expuesto antes.

¿El samyama no se refiere a la misma técnica de las escuelas místicas de occidente?

Bien es cierto que las órdenes contemplativas son numerosas en Europa y los ejercicios practicados en los conventos y monasterios son muy austeros, lo acepto, pero ellos no tienen este valor iluminativo de la meditación tal como lo concibe el Dhâranâ.
Ciertas órdenes de la Iglesia Católica Romana son muy severas y observan bien las disciplinas, pero se trata siempre de la obtención de una especie de éxtasis que es contrario a la idea del progreso en Yoga: el yoghi sabe conservar su calma, su control y su conocimiento, en tanto que los místicos en general no toman en cuenta el estado en que se encuentran y buscan simplemente el punto final, el cual para ellos es la "beatitud" entendida en general en el sentido que le da la teología.
A su vez el místico hindú (al que no hay que confundir con el yoghi) por medio de las oraciones, del incienso, de los encantamientos, de las prolongadas v igilias, del ambiente de iglesia, etcétera, todo como los religiosos de Occidente, intenta establecer un contacto con un plano sobrenatural, es decir, que en una especie de “trance” quiere resentir la presencia del “yo superior”.
Es evidentemente una “rápida realización” que puede satisfacer a los que tienen paciencia del trabajo, de la verdadera meditación, la cual sí ofrecerá entonces las posibilidades no dé una ilusión mediumnímica como estoy tentado a llamarla, sino más bien una realización trascendental de la consciencia identificada con el dominio de donde emana.
Dhâranâ, Dhyana y Samadhi son estados mucho más internos que los cinco precedentes y no pueden ser obtenidos sino por medio de una síntesis del saber y de la intuición, de la razón, de la sensación, de lo objetivo y de lo subjetivo.

¿Cuál serian los pasos del samyama?

Meditar antes de tener el conocimiento intelectual es exponerse a imaginaciones fértiles que producen las más inesperadas fantasmagorías y producen los pacientes para los grandes asilos de los enfermos mentales.
La meditación puede ser primeramente dirigida hacia objetos bien materiales y la aconsejo siempre a los principiantes; en efecto, ¿cómo podríamos dirigir nuestra meditación hacia una cosa que no está perfectamente conocida? Es risible que algunas personas pretendan meditar sobre Dios como si se tratara de ver la ultima obra teatral de renombre!...
Será preferible practicar durante algún tiempo, por ejemplo, imaginando un lápiz simplemente: podríamos, como objeto de meditación del día, pensar primero en una gimnástica del cerebro mediante el juego de la visualización de la madera que ha servido a la fabricación del lápiz, en seguida visualizando el árbol del cual fue extraída la madera, el bosque del cual fue obtenido el árbol, etc...
Cuando el cerebro queda acostumbrado a este género de ejercicios, resultará más cómodo meditar sobre cosas de un orden mayor, como la Luna, el Sol, la Estrella Polar, etc... No me gusta dar a mis alumnos ni siquiera un ejemplo de meditación sobre una determinada y preferida imagen de Dios, pues tal como ellos la conciban llegan más fácilmente a la divinización de sí mismos.
Poco a poco, cuando el pensamiento ha bogado alrededor del objeto, haciendo uso de la meditación, entonces hay que fijarlo más especialmente en el centro del objeto, es decir, más cerca de la realidad objetiva a fin de limitar el campo de la meditación para llegar a la concentración.
Cuando un pensamiento vagando en el pasado quiere súbitamente hacer una incursión en el futuro, hay que detenerlo en el instante mismo en que terminando con el pasado se introduce en el futuro, pues en medio de los dos hay un instante, el cual es precisamente el presente. El presente es el tiempo apenas de una fracción de relámpago; sin embargo, hay que detenerlo, inmovilizar el pensamiento en este preciso instante, y de esta línea de separación entre el pasado y el futuro hacer un agrandamiento, ensancharla de manera de quedarnos, sin vacilar, con el pensamiento en este estado.

¿Qué es el Samâdhi?

SAMADHI es el estado final, la identificación, la única experiencia verdadera.
El estudiante de ocultismo común busca poderes, pero el discípulo de hermetismo, el investigador del esoterismo, entiende rápidamente la ilusión que nos hace tomar la vida en serio. Esta primera realización de lo máyico es el punto de partida de todas las comprensiones futuras. Los siete estados disciplinarios (de ilusión) precedentes son clasificables, pero el último es la VERDAD, es el Samâdhi que da respuesta a los principios vitales de la ley kármica y a la realización final.
Concebir eso es dar un gran paso en la vía de la Sabiduría, es el dominio teórico acabado, y resta solamente aplicar la práctica para terminar esta experiencia, la cual es la Vida, tal como está entendida generalmente.Ese es el presente, y fijar el pensamiento en él es estar en el Universo Eterno: la Verdad.
Todos los estudios y las experiencias son producidas para alcanzar este estado de reintegración en el Principio Único Inteligente.
Esta Unión verdadera del Yo con el yo permite comprender entonces la imposibilidad de explicarla como la Realización final que hay que experimentar por sí mismo. Y raros son aquellos que
habiendo probado esta beatitud han tenido el valor para regresar y ofrecer a sus hermanos su experiencia a fin de darles a comprender la Libertad de cada uno para realizar su propia verdad, puesto que su experiencia ha de ser personal; sin embargo, la culminación final es la unión de todo en el Samadhi, es la reintegración colectiva en lo individual de lo eterno.

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